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Los castrati: las voces extraordinarias que marcaron la ópera barroca

28 ago
4 min de lectura

En la historia de la ópera hay voces que parecen casi legendarias. Voces capaces de combinar la pureza de un niño con la fuerza y la resistencia de un adulto. Esas voces fueron las de los castrati, cantantes masculinos que, durante más de dos siglos, dominaron los escenarios de Europa y se convirtieron en las primeras grandes estrellas de la ópera. Su historia es fascinante, pero también compleja y delicada. Hoy la recordamos con respeto, reconociendo tanto su legado artístico como el precio humano que implicó.


Orígenes de una práctica


La práctica de los castrati comenzó en Italia a mediados del siglo XVI, aproximadamente entre 1550 y 1600. En aquella época, las mujeres no podían cantar en las iglesias católicas. Para cubrir las partes agudas de la música sacra (los sopranos y contraltos), se necesitaban voces altas y potentes. Los niños tenían voces adecuadas, pero solo durante pocos años, hasta que llegaba el cambio de voz. La solución que se encontró en aquel contexto histórico fue intervenir quirúrgicamente a algunos niños antes de la pubertad para que conservaran su registro agudo de por vida.

Esta práctica se extendió primero en los coros de iglesia, especialmente en la Capilla Sixtina de Roma. Con el tiempo, muchos de estos cantantes pasaron del templo al teatro. El nacimiento de la ópera a principios del siglo XVII les abrió un escenario nuevo y mucho más brillante.


El auge en la ópera


Durante los siglos XVII y, sobre todo, el XVIII, los castrati se convirtieron en los verdaderos protagonistas de la ópera seria italiana. Su voz era única: conservaba la altura y la flexibilidad de una voz infantil, pero se combinaba con la capacidad pulmonar y la fuerza física de un hombre adulto. Esto les permitía cantar frases larguísimas, realizar agilidades virtuosas y proyectar un sonido poderoso que llenaba los teatros.

Eran las estrellas del momento. Cobraban fortunas, viajaban por toda Europa y despertaban una admiración casi histérica entre el público. Compositores como Händel, Porpora, Vinci o Hasse escribían arias especialmente pensadas para lucir sus capacidades. Sin los castrati, la ópera barroca no habría sido lo mismo.


Farinelli, uno de los más famosos castrati
Farinelli, uno de los más famosos castrati


Los castrati más importantes


Algunos nombres destacan por encima de todos:


  • Farinelli (Carlo Broschi, 1705-1782): Considerado el más grande de todos. Su voz tenía una extensión enorme y una belleza legendaria. Fue admirado en toda Europa y llegó a vivir en la corte de España, donde cantaba todas las noches para el rey Felipe V.

  • Senesino (Francesco Bernardi, 1686-1758): Uno de los favoritos de Händel. Cantó muchos roles protagónicos en Londres y fue una figura central de la ópera inglesa de la época.

  • Caffarelli (Gaetano Majorano, 1710-1783): Famoso por su virtuosismo y su carácter fuerte. Fue el primer intérprete de la célebre aria “Ombra mai fu” de Serse de Händel.

  • Giovanni Carestini: Otro gran colaborador de Händel. Creó roles en óperas como Alcina y Ariodante.

  • Gaetano Guadagni: Interpretó el papel de Orfeo en la versión original de Orfeo ed Euridice de Gluck en 1762.

  • Giovanni Battista Velluti (1781-1861): El último gran castrato de la ópera. Para él se escribió el último rol importante destinado a esta voz: Armando en Il crociato in Egitto de Meyerbeer (1824).


El último castrato del que se tiene registro fue Alessandro Moreschi (1858-1922), que cantó en la Capilla Sixtina y del que se conservan algunas grabaciones realizadas a principios del siglo XX. Aunque ya no estaba en su mejor momento, esas grabaciones son el único testimonio sonoro directo que nos queda.


Óperas escritas o adaptadas para ellos


Muchas de las grandes óperas barrocas fueron creadas pensando en voces de castrati. Händel escribió numerosos roles para Senesino (Giulio Cesare, Rodelinda, Orlando) y para Carestini (Alcina, Ariodante). Caffarelli estrenó papeles en obras de Händel y de otros compositores. Gluck confió en Guadagni para su reforma de la ópera. Incluso a principios del siglo XIX todavía se escribían papeles para ellos, como el de Velluti en la obra de Meyerbeer.

Hoy, estos roles se interpretan normalmente con contratenores o, en algunos casos, con mezzosopranos.


El final de una era


Hacia finales del siglo XVIII el gusto musical cambió. La ópera se volvió más naturalista y el tenor empezó a ganar protagonismo como voz heroica masculina. La práctica de la castración fue perdiendo apoyo social y moral. Tras la unificación de Italia en el siglo XIX se prohibió legalmente. La Iglesia dejó de contratar nuevos castrati a finales del siglo XIX y, en 1903, el papa Pío X ordenó oficialmente que las partes agudas fueran cantadas por niños, según la tradición más antigua.

Así terminó una época que había durado más de tres siglos.


Alessandro Moreschi, el último castrato
Alessandro Moreschi, el último castrato


Una mirada respetuosa


Es importante recordar que detrás de estas voces extraordinarias hubo niños, muchas veces de familias humildes, a los que se sometió a una intervención irreversible. La mayoría no llegó a ser estrella; solo unos pocos alcanzaron la fama y la fortuna. Hoy podemos admirar el legado artístico de los castrati sin dejar de reconocer el coste humano que tuvo esta práctica. Fue un producto de su tiempo, ligado a las normas sociales, religiosas y económicas de entonces.

Su influencia, sin embargo, sigue viva. Gracias a ellos se desarrolló un virtuosismo vocal que todavía hoy desafía a los cantantes. Los roles que interpretaron forman parte del repertorio más exigente y hermoso de la ópera barroca. Cuando escuchamos a un buen contratenor interpretando arias de Händel o de Gluck, estamos conectando, de alguna manera, con aquel mundo sonoro único.


Cómo acercarse a esta música hoy


Si quieres descubrir el repertorio de los castrati, te recomendamos empezar por:


  • Arias de Giulio Cesare o Alcina de Händel (hay excelentes grabaciones con contratenores como Philippe Jaroussky, Iestyn Davies o Andreas Scholl).

  • “Ombra mai fu” de Serse.

  • El rol de Orfeo en la versión de Gluck.


La historia de los castrati nos recuerda que el arte a veces nace de circunstancias difíciles y complejas. Pero también nos muestra el poder extraordinario de la voz humana y su capacidad para emocionar a través de los siglos.

La próxima vez que escuches una de esas arias virtuosas y brillantes del Barroco, recuerda que estás escuchando el eco de unas voces que, para bien y para mal, cambiaron la historia de la ópera para siempre.



















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